Mark Twain dialéctico

noviembre 13, 2008

Me gusta el cielo por la temperatura y el infierno por la compañia.

mark_twainMark Twain, el desenfadado y fantasioso escritor

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Cavallo crítico chileno escribió textos sobre autores que, para él, encarnan el canon en el cine universal. Algunos de estos artículo aparecieron en la revista La gran ilusión. Aquí van los enlaces para leer los artículos sobre:

Fellini y otros cineastas valorados, subvalorados, sobrevalorados, malditos y serios (http://www.maza.cl/cine/canon/malditos1.html)
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John Ford ( http://www.maza.cl/cine/canon/ford1.html)
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Orson Welles (http://www.maza.cl/cine/canon/welles1.html)
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Martin Scorsese ( http://www.maza.cl/cine/canon/scorsese1.html)
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Buster Keaton (http://www.maza.cl/cine/canon/keaton1.html)
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Howard Hawks (http://www.maza.cl/cine/canon/hawks1.html)
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Ford y Hawks (http://www.maza.cl/cine/canon/fordhawks1.html)
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Stanley Kubrick (http://www.maza.cl/cine/canon/kubrick1.html)
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Alfred Hitchcock (http://www.maza.cl/cine/canon/hitch1.html)
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Akira Kurosawa (http://www.maza.cl/cine/canon/kurosawa1.html)
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FANTASMAGORIANA

Todo el mundo sabe que en el verano de 1817 al borde del lago Ginebra tuvo lugar un encuentro que cambiaría la historia de la literatura para siempre. En la villa Diodati, hogar de Lord Byron, el poeta se reunió su amigo Percy Bysse Shelley, su mujer Mary Shelley, la hermanastra de ésta, Claire Clairmont y el médico personal de Byron, el depresivo y malogrado John William Polidori.

Incapaces de abandonar la casa por culpa de un temporal, Byron propuso a sus amigos escribir cada uno una historia de terror para leerlos a la luz de. Los cuatro cuentos de Fantasmagoria son, a la vez, el resultado de ese reto y el gérmen de dos de los personajes más influyentes de la cultura moderna. El relato que escribió Mary Shelley, El sueño, dio origen al mito de Frankenstein y J. W. Polidori escribió El vampiro. Shelley escribió Los asesinos y Lord Byron, El entierro.

CARMILLA

J. Sheridan LeFanu

Inspirada en el famoso poema de Coleridge, Christabel y, posiblemente, la Ligeia de Poe, Carmilla era parte de una colección de cuentos de LeFanu titulada A Glass Darkly y publicada en 1872. Al igual que el poema, el relato narra la relación entre una joven inocente de 17 años y una recién llegada que la consumirá con una pasión genuina pero devastadora.

“Todos los rituales y tópicos de la fórmula de vampiros moderna – explica James L. Campbell en Supernatural Fiction Writers– aparecen en Carmilla, empezando por su diseño formal en tres partes: ataque, muerte – resurrección, y caza – destrucción. También se incluyen la seducción de la víctima por parte del vampiro, la confusión entre sueño y realidad, el intento en vano de explicar hechos sobrenaturales en términos racionales, y los métodos del folklore para reconocer, capturar y matar vampiros”.

Según Campbell, Carmilla fue una influencia determinante para Bram Stoker mientras escribía Drácula, pero no fue la única. La joven y bella vampira también ha sido objeto de muchos homenajes cinematográficos, aunque de un género más cercano a la serie B y a realizadores del terror fetichista como Dario Argento o Jess Franco.

OTRA VUELTA DE TUERCA,

Henry James

La primera novela verdaderamente moderna es un juego de espejos donde sentimos la presencia del Mal, aunque nunca sabemos a ciencia cierta quién es la víctima y quién el perseguidor. Sus interpretaciones infinitas, que han precipitado la expresión “otra vuelta de tuerca” para describir una narración lineal donde nada es lo que parece, ha inspirado muchas adaptaciones cinematográficas.

Entre las traducciones directas destacan la película de Eloy de la Iglesia Otra vuelta de tuerca y The innocents, de Jack Clayton. Entre las menos, también dos españolas: Los Otros, de Alejandro Amenabar y nuestra candidata al Oscar, El Orfanato.

LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH

HP Lovecraft

“Durante el invierno de 1927-28, los agentes del Gobierno Federal realizaron una extraña y secreta investigación sobre ciertas instalaciones del antiguo puerto marítimo de Innsmouth, en Massachusetts. El público se enteró de ello en febrero, porque fue entonces cuando se llevaron a cabo redadas y numerosos arrestos, seguidos del incendio y la voladura sistemáticos -efectuados con las precauciones convenientes- de una gran cantidad de casas ruinosas, carcomidas, supuestamente deshabitadas, que se alzaban a lo largo del abandonado barrio del muelle. Las personas poco curiosas no prestarían atención a este suceso, y lo consideraron sin duda como un episodio más de la larga lucha contra el licor….”

El maestro de Providence creó un género autónomo y una mitología irrepetible con un sólo principio: “Nunca describas un horror si puedes limitarte a dejarlo entrever”. Hoy, en el año del primer centenario de su muerte, su obra es más relevante que nunca.

LA CÁMARA DE LOS HORRORES

Angela Carter

Las repercusiones de aquel ronroneo remecían los cimientos del palacio, las paredes empezaban a danzar. Yo pensé: Todo se derrumbará, todo acabará por desintegrarse. El siguió arrastrándose hacia mí, más cerca, cada vez más cerca, hasta que al fin sentí el áspero terciopelo de su cabeza sobre mi mano, luego una lengua, abrasiva como papel de lija.

‘Me lamerá hasta desollarme’. Y cada lamida de su lengua iba arrancándome piel tras piel, todas las pieles de una vida en el mundo, y descubría una naciente pátina de brillante pelaje. Mis pendientes volvieron a trocarse en agua, y cual lágrimas resbalaron sobre mis hombros; yo sacudí las gotas de mi hermoso pelambre.

Quizá más conocida entre los filólogos y los exquisitos del género que entre los amantes del terror tradicional, Angela Carter es una experta en retorcer a los hermanos Grimm para sacarles, más que el jugo, la sangre. La cámara de los horrores contiene un legado de reinterpretaciones góticas de la mayor parte de los cuentos que popularizó Walt Disney.

EL MAYORAZGO

ETA Hoffman

“A orillas del Báltico se encuentra la casa solariega de la noble familia von R., conocida como mansión R. El paisaje es inhóspito y yermo; apenas brota la hierba entre las inmensas arenas movedizas, y en lugar del jardín que suele adornar las casas señoriales, se concentra junto a las desnudas murallas del lado que mira a tierra un mísero pinar cuyo eterno y sombrío luto desprecia las galas y colores de la primavera y en el que en lugar del júbilo feliz de los pajarillos que despiertan al nuevo deseo de vivir, tan solo retumba el lúgubre graznido de los cuervos, el grito chillón de las gaviotas que anuncian las tormentas. A un cuarto de hora de aquí la naturaleza se transforma repentinamente. Como por arte de magia nos vemos transportados a un mundo de campos floridos y de tierras y prados fértiles. Divisamos el pueblo, grande y rico, con la espaciosa vivienda del inspector. Al otro extremo de un agradable bosquecillo de álamos pueden verse los cimientos de un gran palacio que uno de los antiguos propietarios tenía pensado construir.”

Jurista de profesión, pero también compositor, crítico musical, director de orquesta, y caricaturista,Freud lo llamaba “el maestro sin par de lo siniestro en la literatura”, el genio de lo “uncanny”, esa sensación de desasosiego que provoca lo que resulta, al mismo tiempo, familiar e inexplicable, cercano y ajeno.

EL POZO Y EL PÉNDULO

Edgar Alan Poe

“Durante varios momentos de espanto frenético vi también la blanda y casi imperceptible ondulación de las negras colgaduras que cubrían las paredes de la sala, y mi vista cayó entonces sobre los siete grandes hachones que se habían colocado sobre la mesa. Tomaron para mí, al principio, el aspecto de la caridad, y los imaginé ángeles blancos y esbeltos que debían salvarme. Pero entonces, y de pronto, una náusea mortal invadió mi alma, y sentí que cada fibra de mi ser se estremecía como si hubiera estado en contacto con el hilo de una batería galvánica. Y las formas angélicas convertíanse en insignificantes espectros con cabeza de llama, y claramente comprendí que no debía esperar de ellos auxilio alguno. Entonces, como una magnífica nota musical, se insinuó en mi imaginación la idea del inefable reposo que nos espera en la tumba. Llegó suave, furtivamente; creo que necesité un gran rato para apreciarla por completo. Pero en el preciso instante en que mi espíritu comenzaba a sentir claramente esa idea, y a acariciarla, las figuras de los jueces se desvanecieron como por arte de magia; los grandes hachones se redujeron a la nada; sus llamas se apagaron por completo, y sobrevino la negrura de las tinieblas; todas las sensaciones parecieron desaparecer como en una zambullida loca y precipitada del alma en el Hades. Y el Universo fue sólo noche, silencio, inmovilidad.”

EL MONJE

Matthew Gregory Lewis

Lord Byron y el Marqués de Sade la reivindicaron en sus propios libros, André Breton y Antonin Artaud la declararon la describió como “una obra maestra de verdadera pesadilla cuyos elementos generales de corte gótico están condimentados con un cúmulo de rasgos macabros mejor novela gótica de todos los tiempos”. El Monje es un relato terrible y, a la vez, unencendido ataque a la iglesia, a la que Lewis, al igual que sus ilustres fans, despreciaba con saña.

La novela relata el calvario del desdichado monje Ambrosio que, tentado por una doncella que resulta ser el demonio, es condenado a morir en manos de la Inquisición.

LA TORRE DE LOS JOROBADOS

Emilio Carrere

Una de las pocas novelas de tradición gótica de la literatura española, La torre se publicó en 1928, pero sólo de milagro. Como explica Jesús Palacios en el prólogo de su última edición, Carrere era un gran escritor pero también un desastrado. Cuentan que, en el último minuto, envió un manuscrito imposible consistente en una novelita ya publicada y un amasijo de textos incompletos e inconexos. Desesperado, su editor contrató a un negro: Jesús Aragón.

La novela, una conspiración tenebrosa en un Madrid de chulos, señoritos y violeteras, se convirtió en un éxito inmediato para Carrere aunque, al final, era muy poco suya. Veinte años más tarde, Edgar Neville la llevó al cine.

EL HORLA

Guy de Maupassant

“Ha venido aquel que inspiró los primeros terrores de los pueblos primitivos. Aquel que exorcizaban los sacerdotes inquietos y que invocaban los brujos en las noches oscuras, aunque sin verlo todavía. Aquel a quien los presentimientos de los transitorios dueños del mundo adjudicaban formas monstruosas o graciosas de gnomos, espíritus, genios, hadas y duendes. Después de las groseras concepciones del espanto primitivo, hombres más perspicaces han presentido con mayor claridad. Mesmer lo sospechaba, y hace ya diez años que los médicos han descubierto la naturaleza de su poder de manera precisa, antes de que él mismo pudiera ejercerlo. Han jugado con el arma del nuevo Señor, con una facultad misteriosa sobre el alma humana. La han denominado magnetismo, hipnotismo, sugestión… ¡qué sé yo! ¡Los he visto divertirse como niños imprudentes con este terrible poder! ¡Desgraciados de nosotros! ¡Desgraciado del hombre! Ha llegado el… el… ¿cómo se llama?… el… parece que me gritara su nombre y no lo oyese… el… sí… grita… Escucho… ¿cómo?… repite… el… Horla… He oído… el Horla… es él… ¡el Horla… ha llegado!…”

El novelista británico Julian Barnes reflexiona en su última obra sobre la muerte. Desde una perspectiva agnóstica, la muerte es para Barnes la desaparición de una identidad a la que nos aferramos, pero que realmente no existe. El miedo a la muerte es en sí, por tanto, un sinsentido, un miedo a la Nada. El autor envidia, sin embargo, a los creyentes porque, mientras para ellos la muerte será una puerta de entrada, para el resto será sólo una puerta de salida. Obsesionado por el paso del tiempo y el fin de todas las cosas, Barnes encuentra finalmente en la ciencia el sentido de que todo lo existente haya de terminar algún día.

“No creo en Dios, pero lo echo de menos”. Con esta frase comienza el último libro del novelista británico Julian Barnes, autor de obras como Amor, etc. o Arthur & George.

En él, el escritor, que hoy por hoy se considera agnóstico pero que antes fue ateo, decidió afrontar su miedo a la muerte preguntándose, ¿cómo puede un agnóstico temer a la muerte si no cree que exista una vida después de ésta? ¿Cómo se puede tener miedo a Nada?

Según publica The New York Times, a partir de estas preguntas Barnes ha elaborado una elegante memoria de su vida y una meditación sobre Dios y la tanatofobia, que no dejan indiferentes.

Bajo el título “Nothing to be frightened of” (Nada que temer), la obra es un recorrido por la vida familiar, un intercambio de ideas con su hermano (el filósofo Jonathan Barnes, una reflexión sobre la mortalidad y el miedo a la muerte, una celebración del arte, una disertación sobre Dios, y un homenaje a otro escritor, el francés Jules Renard.

Desasosiego y tanatofobia

Barnes, que padece tanatofobia (miedo a la muerte persistente, anormal e injustificado), piensa diariamente en su muerte o se imagina situaciones en las que moriría, como atrapado entre las fauces de un cocodrilo o en un barco que se hunde.

La muerte le genera un gran desasosiego: teme la disminución de la energía, que la fuente se seque, que se desvanezca la luz. “Miro alrededor, a mis amistades, y puedo ver que la mayoría de éstas ya no son amistades sino, más bien, el recuerdo de la amistad que tuvimos”.

Barnes, que vivió la decadencia de sus padres y su muerte, escribe además “a pesar de que escapamos de los padres en la vida, ellos parecen reclamarnos en la muerte”.

Pero, para el escritor, la fe religiosa no es una opción para todo este desasosiego, y apunta que “no tengo fe que perder… Nunca fui bautizado ni acudí a clases de catecismo los domingos. Nunca he estado en misa… y entro constantemente en las iglesias sólo por razones arquitectónicas”.

Religión moderna

Para Barnes, la religión cristiana ha perdurado únicamente porque es “una bella mentira… una tragedia con un final feliz”. Pero las alternativas modernas a la fe cristiana tampoco le confortan.

El autor habla, por ejemplo, de las terapias como formas contemporáneas de religión. De ellas dice: “el cielo secular moderno de la auto-realización: del desarrollo de la personalidad, de las relaciones que nos ayuden a definirnos, de un trabajo con cierto estatus… la acumulación de aventuras sexuales, de visitas al gimnasio, de consumo de cultura. Todo esto nos acerca a la felicidad, ¿no es cierto? Éste es el mito que hemos elegido creer”.

Barnes sólo encuentra consuelo en la ciencia, que dice: todos estamos muriendo. Incluso el sol. El homo sapiens está evolucionando hacia nuevas especies a las que no les importará quienes fuimos nosotros, nuestro arte y nuestra literatura. Cualquier saber caerá en el completo olvido. Cada autor llegará a convertirse en un autor no-leído.

En definitiva, dice Barnes, las personas pueden temer su propia muerte pero, en realidad, ¿qué somos? Simplemente un conjunto de neuronas. El cerebro no es más que carne y el alma, simplemente, “un relato que el cerebro se cuenta a sí mismo”.

Entrar y salir

En cuanto a la individualidad, ésta no es más que una ilusión. Los científicos ni siquiera han podido encontrar evidencias de la existencia del “yo”, señala Barnes, que es algo que nos hemos contado a nosotros mismos. No producimos pensamientos, sino que los pensamientos nos producen a nosotros. El “yo” al que tanto amamos sólo existe en la gramática.

Barnes afirma, por otro lado, que no exite separación alguna entre “nosotros” y el universo. Somos sólo materia, unidades de “obediencia genética”. La sabiduría, según él, consistiría en asumir esto, y en “no pretender nada más, en descartar el artificio…” De la misma forma que los artistas, cuando llegan a la madurez, se quedan con la simplicidad.

Con estas reflexiones acerca de la mortalidad humana y de la manera de afrontarla se adentra el autor en la edad madura, conversando con sus lectores sobre el miedo más universal, según el Washington Post.

“La muerte es para mí el único aspecto espantoso que define la vida. A menos que uno no esté completamente consciente de ella no se puede llegar a comprender en qué consiste la vida, a menos que se sepa y se sienta que los días de vino y rosa son limitados, que el vino se agriará y las rosas se marchitarán en su apestosa agua antes de que todo sea abandonado para siempre, no habrá contexto para que estos placeres y curiosidades nos acompañen en el camino a la tumba”.

Enfrentarse a la realidad de la muerte es tan impactante, que Barnes asegura envidiar a las personas que lo hacen con fe. Ciertamente, aquéllos que disfrutan del regalo de la fe religiosa cuentan con una ventaja frente a los que no la tienen. El creyente moribundo atravesará, para él, una puerta de entrada, mientras que el resto de los humanos verán en la muerte sólo una puerta de salida.


Mal mes

octubre 27, 2008

Octubre. Uno de los meses en lo que es peculiarmente peligroso especular en bolsa. Los otros son julio, enero, septiembre, abril, noviembre, mayo, marzo, junio, diciembre, agosto y febrero.

Mark Twain, explicandonos cuando es mal mes para invertir en la bolsa